miércoles, 23 de marzo de 2011

Tengo una Catarina en medio del corazón


Cinco años de tu existencia me sirven para el amor. Descorcho el calendario. Jugamos a la rueda. Rueda. Cacahuates enchilados en la acera de enfrente. Tu pelo en los ojos.

Ven a jugar con la pelota
dale tu comida al perro
cántame otra vez
ven. Emilia.

martes, 4 de enero de 2011

La vida otra vez

Carlos Sánchez

El ruido de la escoba es música posterior a las canciones de celebración. Ayer despedida, hoy bienvenida. Un año más, un año menos.
Después de un letargo, el ruido de los automóviles llena la ciudad y es síntoma de que la vida recobra su rutina, sus hábitos, los horarios establecidos para seguir: el empleo, la escuela.
Hace apenas un par de noches atrás las copas para estrecharse, el grito en la garganta, los cuetes en el cielo. Hace apenas un par de noches la antigüedad en el calendario de un año marcado por el diez. Hoy es dos mil once y los proyectos de ciudadanos, usted y yo, él y ella, compañeros, inician su curso hacia la realización.
***
En noche buena comimos tamales, bebimos café. Brindamos dentro de una prisión, detrás de la barda al final de la calle en el barrio, en torno a una lumbrada. En navidad jugamos a ser niños, quebramos piñatas, saboreamos dulces, escuchamos la radio y le subimos al volumen para seguir bailando. En navidad nos entristecimos de alegría y lloramos de felicidad.
En noche buena jugamos a los mejores vestidos, el pantalón para estrenarse, las botas de avestruz, la zapatilla de tacón dorado. Jugamos a las sonrisas, a la bastedad de la comida, a las luces llenando las paredes frontales de la casa, a la rendija en el techo de cartón por donde se cuela el viento. En noche buena todos los rincones fueron sinónimo de fiesta, aun en esos sitios donde se aspira a recobrar la salud, o la libertad. Oportunidad fue la noche buena para sentir que extraordinaria es la existencia.
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Vino año nuevo, no sin antes las prisas en el súper mercado, el tianguis, la fila en la mueblería, la desesperación por la ausencia de ese transporte urbano que tarda más de la cuenta, porque el número de unidades disminuye, porque también el número de usuarios es menor en estos días.
Llegó el momento del ruido de los cuetes, las canciones, no sin antes hacer fila en la tortillería para comprar nixtamal, la masa, en la carnicería los retazos, en el mercado las hojas, la harina, la manteca, el proyecto de los tamales y buñuelos.
A las doce la estridencia, aullidos de perros, abrazos febriles, gritos de celebración. A las doce el ulular de una ambulancia, lágrimas de amor por el hijo que vive en el otro lado y no vino ahora, porque no pudo venir. A las doce el brindis del bohemio quién sabe desde que casa y se escucha en todo el barrio. A las doce más ruidos y luces estallando en el cielo. A las doce bailamos, sí, cómo no, otra, una más, otra y ya, una más.
***
El reloj implacable. Tic tac puntual. Año nuevo que significa el primero de enero. La modorra no llega, porque el cuerpo resiste y la fiesta persiste. Recalentar el menudo, los tamales, el pozole, échale más agua a los frijoles que vienen los parientes, aquellos que hace mucho no aparecían por acá.
Más tarde en la conversación de familia: Fíjate que no ha llegado, que se fue desde ayer que disque a recibir el año y no ha llegado, iba muy guapa, llevaba el saco que le heredó la abuela y es de lana y le cubre hasta las rodillas. Y más tarde quién sabe si llegará.
El reloj en su sonido, el único guión sin concesiones, sin dislate, sin pausa. El primer día del año para irse como un papalote debajo del cielo nublado y con escasos grados centígrados de clima, el día que vuela y acerca más pronto que rápido el despertador para ese instante en el que informa otra vez la vuelta a la realidad, el reloj checador esperando por nuestros nombres.
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Apenas antier la noche buena, la navidad, ayer el año nuevo, hoy la escoba suena en su música y la vida se ordena en el grito de una dama, de un señor, que piden la parada en la esquina. Apenas hoy el ruido de la escoba nos dice que todo pasó, y que todo empieza. Otra vez.

domingo, 19 de diciembre de 2010

El agua sobre la acera


Carlos Sánchez

Nostalgia. Los colores me tocan la emoción como un pincel toca el lienzo. De a poco se construye en la mirada el recuerdo de una tarde de lluvia, de un amanecer mojado. Vista que encuentra un paisaje inscrito en la memoria.
Observo la fotografía una y otra vez. Despacio. Aprecio la sutileza en la edición. La urbanidad echa paz: textura para encontrar los latidos del corazón.
En la fotografía está la atmósfera, la vida en un trazo de cables para comunicar la luz, el audio en una llamada telefónica. Para eso deben servir las líneas encima del aire. La fotografía fue un disparo desde el impulso de Josefa Isabel Rojas Molina, escritora consecuente y diletante del amor.
Por qué no subrayar la palabra amor, por qué de un tiempo a la fecha se nos hace añicos la inocencia y nos sonroja cualesquier indicio de ternura. En qué momento el temor a la nobleza nos hizo su presa.
Debe ser la época en la que estamos para vivir en un marasmo, la constante información que nos devasta y reacción para prevenirnos de lo que sucede allá afuera, en la capacidad para la crueldad.
Pero he vuelto, gracias a Dios y ya era tiempo, como bien dice Sabines, el Jaime, a esta tierra que en el mundo se cuece aparte, esta región que me satisface al encontrarla de nuevo en su puntual atmósfera, con el tono ocre para encender de emoción mis pupilas, a través de esta foto que describo, y vivo.
He vuelto a ella a través de una imagen, poética, como los versos que escribe su autora, la Josefa. Y debe ser que ya el otoño cubre el cielo los días el aire la vida de Cananea, adonde he vuelto, y debe ser que la nostalgia es verbigracia al escuchar el ritmo recio y evocador de las sílabas que componen el nombre de este territorio.
Hay nubes, cierto, lugar aparente común en el paisaje cananense, pero no, debo decirlo, acá los nublados tienen otro matiz, alas que conversan con los pobladores de este pueblo, dicha de encontrarlo con este mote, porque acá la cercanía entre los habitantes es puntual, el saludo reiteración de la generosidad social.
Veo esta fotografía y soy un niño andando las calles, con la infancia puesta en la memoria, un costal de bellotas en el lomo de un burro, el paso del obrero una mañana sin sol llena de calor cuando el destino es hacia el trabajo. Una tarde después de la jornada y regresar al fuego del hogar para reencontrarse con la familia. Encuentro esto al contemplar una y otra vez la imagen. Me trepo en ella y paseo feliz en la imaginación, el recuerdo de lo que sé me ha satisfecho este lugar.
La fotografía, como la poesía, sugiere y al observarla en ella encuentro (y seguro estoy de que cada quien encontrará lo suyo) el mundo dispuesto a mis ojos en nostalgia. Porque la poesía es eso, una estocada sutil en medio del pecho. En este disparo la Josefa que es poeta y hace fotos, construye con tino un dardo embadurnado de historia y acierta en el blanco sobre la imagen que es una postal precisa para contar, contarnos, la crónica de un idilio otoñal en pleno vientre de la ciudad. Cananea. Nostalgia por sus colores, el volumen en las nubes, los cables reiteración de esfuerzo, vestigio de que alguien una vez enclavó un poste para ir facilitando la vida, la luz, la comunicación.
Nostalgia en el agua sobre la acera, porque hace apenas unos minutos antes el cielo quiso con su fruto tocar la ciudad.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Me gusta contar historias


Carlos Sánchez

Obregón, Sonora.- Agobiado por su situación, Emiliano experimenta una serie de eventos que lo hunden hasta la desesperación. Buscando ser libre, sólo encuentra una manera de lograrlo.
El párrafo anterior es la sinopsis del cortometraje Es cuestión, escrito y dirigido por Paco Espinoza, diletante de la elaboración de cine, desde la resistencia que es la búsqueda, desde los recursos más inmediatos con los que cuenta, desde las posibilidades que siempre estarán cuando la pasión rige el oficio.
Paco Espinoza no rebasa los treinta años de edad, radica en ciudad Obregón, y cuenta historias, porque le gusta contar historias. Escribe poemas, algunos cuentos, dibuja, escribe guiones para cortometrajes. Los realiza.
Paco Espinoza anda la vida con el cine en los ojos, en la mente, en la obsesión. Paco nos conversa algunos de los porqués de su vocación.
--¿Cuánto tiempo apostándole a hacer cine?
--Me interesé desde que estaba en la preparatoria, pero ya dedicado a hacer cine, con una estructura, guión, actores, con una finalidad, desde el dos mil seis.
--¿Cuál es tu ópera prima?
--Fue un pequeño cortito, de siete minutos, se llama La última vez, prácticamente es un monólogo, hay dos personajes, uno no habla y todo se centra en la protagonista.
--Este trabajo del cortometraje lo haces más a partir de la intuición más que del aprendizaje en la academia.
--Así es, es totalmente autodidacta, un día agarré la cámara y ahora ya con los años, desde el año pasado, sobre todo, he estado asistiendo a talleres, eventos relacionados con el cine donde se dan conferencias y cursos, pero de inicio me aventé con lo que tenía: la cámara, los camaradas que actúan y la historia.
--Cuando decides hacer esto, ¿a qué le apuestas?
--Desde que comencé, no nada más con el cine, a mí me gusta contar historias, y encontré en el cine un lenguaje para poder contar más, poder expresar, creo por ahí va: utilizarlo para poder contar historias.
--Es cuestión, es tu más reciente cortometraje, el cual contiene como epígrafe la frase Cualquiera puede ser libre, cuéntame sobre este trabajo.
--Este corto nace con motivo de una convocatoria que se abre en la Benemérita Universidad de Puebla, ellos tienen este festival de cine Revolución en corto, segunda edición, y generan una convocatoria dentro de tres vertientes, la primera: cortometraje tema libre; segunda: documental en tema libre; y la otra es cortometraje teniendo como temática la libertad. Lo que sucede es que armo una historia donde se toca lo que es la libertad para el ser humano.
La idea en este corto fue seguir de la mano la convocatoria que pedía demostrar a través del cine las posibilidades que tiene el ser humano ante la libertad, que muchas veces puede encumbrarlo con buenas acciones o puede llevar a socavar la naturaleza humana. Mi idea fue tomar un poco de ambos elementos, del engrandecer, y del sufrir por la carencia de libertad y de ahí es donde se desprende esta historia que trata de un señor que va perdiendo libertades, algunas razones son por cuestiones externas, de la sociedad, otras por cuestiones internas: familiares, personales. Esta historia está grabada en la comunidad de Fundición, un pueblo al sur de ciudad Obregón, y allí se graba en locaciones naturales.
--Tengo entendido que familiares tuyos son los actores en Es cuestión.
--Se dio algo muy interesante con los protagonistas, dos de ellos son mis amigos, dos de ellos son mis abuelos, dadas las características de la historia yo pensé la historia pudiendo utilizarlos a ellos, el tema funciona en base a ellos, se lo comenté a mis abuelos, que nunca habían experimentado la actuación, y fue una experiencia enriquecedora, trabajar con ellos no como familia, sino en un proyecto que va encaminado al desarrollo fílmico, ellos saben que me gusta el cine, que siempre he andado con mi cámara de video y ahora busqué integrarlos. Van muchas cuestiones personales en ese aspecto.
--Cuando tienes el proyecto de Es cuestión, hay una visión, un rumbo, un trabajo previo para tener el elemento y desarrollarlo, ¿pero qué ocurre una vez que observas en la pantalla el trabajo terminado, qué sensaciones experimentas?
--En el trabajo previo uno piensa en imágenes, uno dice: quiero que se vea así, que suceda esto y que digan esto. A partir de ahí desarrollas el plan de trabajo, formas un guión, divides las escenas, como lo vas a grabar, después de hacer la grabación ves que estás armando la película, ves que estás buscando estas imágenes, buscando contar las historias, encontrar las voces, y finalmente se edita para tener el producto terminado, y aquí se dio, como en todas las producciones, yo supongo, que es una película la que se piensa, otra película la que se escribe, otra película la que haces y otra la que ya tienes como resultado final, y ha sido una experiencia muy enriquecedora y me siento muy a gusto con el resultado porque es algo que yo buscaba. Hay escenas, como es cine independiente, a lo mejor no lo grabamos con esa rigidez que exige el cine como profesión, sin embargo se lograron imágenes que me llegan, porque estoy viendo a mis abuelos, sé que esas situaciones son posibles, a lo mejor no las he visto, a lo mejor sí las he escuchado, pero sé que están ahí, a lo mejor nos enteramos por otras personas, pero se da.
--En el contenido del arte, en la propuesta artística, ¿crees que es necesario el compromiso social?
--Creo que no es necesario darle un discurso, un trasfondo a la obra, el arista lo decide, si alguien siente la necesidad es totalmente válido, si alguien opta por no hacerlo se puede prescindir de ello, creo que es lo bueno del arte, que podemos darnos esa libertad de elegir, si yo quiero enviar un mensaje o si sólo me quiero desahogar, creo que eso es lo bueno.
--¿El arte debe estar comprometido o no, es decir, el arte tiene qué incluir una propuesta de compromiso?
-El artista debe estar comprometido con su arte. Que sea él quien busque algo, a lo mejor no es representar a la sociedad, no dar un grito de exigencia, un grito de protesta, a lo mejor es nada más buscar el desahogo.
--¿Cómo te visualizas en el futuro, hasta adónde vas a llegar?
--Voy a hacer cine, me gusta el cine, me gusta contar historias, me gusta escribir, dibujar, y eso voy a hacer porque son experiencias que me llenan, las disfruto, y me veo haciéndolo.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Biutiful: espléndida ingratitud del vivir


Carlos Sánchez

Esto es el arte: textura, argumento, dolor, placer, vida cotidiana y ficción. Esto es el arte: música, fotografía, literatura, actuación, densidad, liviandad.
Asomarse a la pantalla es la disposición de contemplar las propuestas de quienes hacen cine. Después de instalarse en la butaca, soltarse los cordones de los zapatos, desenvolver el chocolate que se ha metido de contrabando, después de completar el precio de la localidad, veintinueve pesos, para una tarde en la que también se vive para fugarse de uno mismo, procede contemplar con los sentidos dispuestos. Concentración. Éstos son algunos de los móviles por los que se ingresa a una sala de cine. Supongo.
Entender que el retraso es casi obligado, para que la luz se haga sobre la pantalla, no es fácil. Porque las proyecciones se programan con antelación, se publicitan en los periódicos, en la televisión, la radio, en el cine mismo. Se alardea el próximo estreno, la cinta más taquillera, los actores de moda.
Sandeces éstas las mías para decir lo que incomoda. Los muchachos que laboran en cinepolis andan extraviados de sus mismos horarios, tal vez los incentivos nunca llegan para optimizar la tarea cotidiana, tal vez el desencanto de cumplir con un horario en una rutina que no les satisface, es consecuencia para la apatía.
Pero ya está, la imagen aparece con los minutos de retraso que sean, no importa nada ya, Javier Bardem está en un paisaje paradisiaco, observando a un búho mientras escucha la voz de quien le recibe en el mismo paraíso.
Bardem es Uxbal y éste personaje sí sabe de compromisos, porque su existencia es un cúmulo de pasiones, lo refleja en la mirada, y va hacia el encuentro de sus últimos días con el filo de un líquido que debieran ser orines, pero que de a poco el color ambarino se transforma en un púrpura que desgarra el interior, fluye por las vías hacia el inodoro. La próstata se desgarra y a cuenta gotas inicia el conteo regresivo de su existencia.
Sabe Uxbal, clarividente, conversador con los muertos, que la vida no termina con la muerte, no obstante, sabe que desea continuar en los días, por la simple y llana razón de que cada tarde sus dos hijos esperan de sus brazos como un alud de protección a partir de la capacidad de amar.
Para qué carajos, me digo en este momento de escribir, me empecino en decir lo que acontece en Biutiful, cómo es que vine a dar en esta redacción donde intento exponer la anécdota del trabajo que dirige Alejandro González Iñarritu, si ahora mismo recuerdo que mientras veía la película, ayer por la tarde, no podía parpadear, la garganta se me resecaba, y era esto una reacción al contemplar la estética fotográfica. Porque el cine también es textura, me lo repetía mientras los actores caminaban por la escena en la pantalla. El cine también es textura.
Agradecía a cada minuto de la trama recorriéndome las pupilas, el desenfoque en las fotografías, la iluminación, el volumen, la densidad en los tonos. Siempre el desenfoque, atino como metáfora: ¿realmente vemos con claridad lo que somos?
De lo que el contenido de Biutiful me dijera, sería sólo un extra. Aunque ahora sé también que miento. Porque lo más trascendental, lo que vino como arte a tomarte del vientre y exigirme la atención, no fue sólo la textura, la vanguardia, el atrevimiento técnico del productor, innegable es que la literatura de este guión es perfecta, y que me he maravillado de tanta exactitud.
Barcelona en la corrupción, la presencia del futbol como triunfo de los africanos en el nombre de Samuel Eto. Barcelona textura para el contenido cruento de historias de mercaderes improvisados en la elegancia prohibida de sus pasillos ostentosos, la piratería como vehículo para comer algunos, otros para acumular billetes. Barcelona la pobre, la soterrada a todas luces en la cotidianidad de los que menos tienen. Barcelona es un bar donde las bailarinas se desnudan. Barcelona un santuario con la sonrisa que finge para esconder en la fotografía de un paisaje la realidad de los que llegan en busca de la ilusión que significa lograr la manutención.
Se condensan aquí los dolores que a todos nos han tocado. La crítica a la discriminación es puntual (y decirlo me sonroja, porque intuyo el término panfleto y en esta película esa palabra no tiene vigencia), y es ésta acción la que desencadena en tragedia. Siempre lo ha sido. No necesito ejemplificar. Lo sabemos a manos llenas. La falta de oportunidades, la indolencia, el culto al ego, el pensar sólo en los beneficios de uno mismo.
González Iñárritu es un cabrón que significa chingón, se instala en las virtudes y padecimientos de las personas, su investigación rebasa las trivialidades, les indaga el corazón, la mente, penetra en las capacidades de una mujer bipolar, Marambra (Maricel Álvarez), presa del deseo de la fidelidad, presa del deseo de disfrutarlo todo. Las consecuencias son el desequilibrio en una familia a la que dio vida, dos hijos a los que no podrá formar, porque la capacidad de su existencia rompe con los patrones que se requieren para permanecer en el seno de un hogar. Ni siquiera es el vino, la cocaína, es el mismo monstruo que ella, nosotros, todos, cargamos en nuestros nombres. El desasosiego permanente al lidiar con los pecados que nos dijeron que existen.

Desde que la espalda hace rechinar los engranes de la butaca, desde que la luz se dirige a la pantalla para llenarla de historia, desde ese instante supe que el arte es también para convocarme a la reflexión sobre lo que soy y deseo.
¿Cómo explicar en estos párrafos mi actitud estática al ir encontrando Biutiful con su virtud perfecta de comunicarme lo pequeño o inmenso que soy? ¿Cómo hacer para generar ganas de que quienes lean esto se desboquen y corran hacia el cine en busca de esta historia? Me pasa que cuando leo algún libro que me enamora, escucho una canción que me llena de felicidad, encuentro una película que me desgarra también de placer, me digo: ¿Por qué muy pocos van al cine, muy pocos leen, muy pocos encuentran la otra música?
Vaya estulticia la mía y pose de erudición. Vaya forma fallida esta de intentar salpicar la emoción de lo que me ha hecho comprender Biutiful. Y otra vez me quedo corto y con la frustración de no poder decir lo inmenso que es esta película, donde seguro estoy, su director, el Negro González, no le apuesta a la taquilla: primero la pasión, el compromiso, después las consecuencias que ni él mismo sabe cuáles serán: una cine abarrotado o desierto. Pero seguro estoy que el compromiso consigo mismo, lo tendrá satisfecho, y lo pone a las puertas de ese paraíso con el que abre y cierra Biutiful.
El arte también es esto: textura, y compromiso con la dignidad de lo que se escribe, retrata, proyecta. En Biutiful no hay desperdicio. Después de dos horas y veintiséis minutos de contenido ganas he tenido de agradecer. Sólo tengo la movilidad en los dedos para transmitir lo que por la mirada penetra en mi interior. Intento decirlo.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Sones, blues, jazz: un toque de acordeón y bajo sexto


por Carlos Sánchez

A capela las estrofas. Las voces son la analogía de un futbolista que con respeto se dirige al público para festejar un gol en el ángulo, en pase a la final. Es viernes por la noche y hay ritmo, cervezas para aumentar los grados centígrados en la piel, afinar la garganta para corear los cánticos.
Las notas de un violín tocan la alegría. Arriba, hacia el cielo, un cúmulo de petates es el techo que contiene el sereno de una noche de música. Aquí son Los Jarritos, una cantina, aquí es la oportunidad preciosa para auscultar la propuesta de Zazhil: son rock / blues jazz.
En la cinco de mayo, que es el barrio, en una esquina, debajo de la enramada, encima de las piedras (que son el suelo en el foro) convergen la pasión y la bebida, el humo y las notas, el estallido en la garganta, acordes en los dedos.
Después de los versos a capela, y a manera de presentación, Ramón Sánchez, domador de la flauta transversa, expone los motivos de las palabras en coro:
“Somos el grupo Zazhil, venimos de la ciudad de México con un repertorio revuelto de música mexicana de diferentes estados, y lo que escucharon (a manera de presentación y a capela) es diciéndoles salud para que consuman, si no la casa pierde, y no nos vamos de aquí si no nos ponemos hasta las chanclas. Empezamos con una canción que es del estado de Morelos, es algo para pedir permiso, así como estamos reunidos, el cantor viene a pedir permiso para que lo dejen echarse una canción, después de ahí cantamos un son de Jalisco que compuso Panchito Madrigal, que compuso la canción Jacinto Cenobio, pues él también hizo este son que se llamó La paloma habanera, esta paloma habanera se la compuso a los cubanos con tantos años de bronca que han cargado con el bloqueo, a él se le ocurrió hacer esta metáfora entre el gavilán y la paloma. Y como no hay programa hoy hay les va esta Petenera.
Cantan después de una breve introducción sobre la rola de marras. Cantan y se divierten. Tienen los músicos prendida en sus pupilas la palabra euforia, les cae por sus mejillas el deseo de sus pies sobre el escenario, se trepan y a capela advierten que la música se hizo, la hacen.
Y son una vela para encender el testimonio de lo que con los años se construye: calidad lúdica a cada zarpazo en el rasgueo del bajo, las yemas en los teclados, el aire en la flauta, el violín hecho un corazón que irriga de armonía el foro como choza. Atmósfera febril.
Porque dicen y es sabido que en la cantina se canta el amor y la vida, porque destapar una caguama tiene implícito el encontronazo con la sensibilidad: se destapa también la libertad de sentir, decir.
***
Zazhil es la cordura encima del barrio, los locos que afortunadamente en la música tienen todo y en ella misma nada qué perder. Y también antier estuvieron en otro estado, en otro país, y también mañana se treparán del viento para recorrer las islas que les esperan y habrán de, como ahora, entregarlo todo que es la música: otros estados, otros países, otros barrios.
Dicen que estos muchachos, los zazhiles, un día acompañaron en sus cantos a la siempre dignidad incólume de Amparo Ochoa, y uno de sus integrantes anduvo al compás del grupo Los Folkloristas. Dicen en los medios, en las páginas de internet, que de un lado a otro se la viven. Dicen ellos, con la actitud, que cualesquier espacio es digno para ejercer el oficio. Y lo hacen ahora ante el Paco Luna (maestro universitario, escritor, músico), quien permanece con un rictus de felicidad en las cejas que le pueblan el rostro que sólo es sonrisa. Paco canta y conversa con señas, pide una y otra, la complacencia es otra vez la reiteración de la actitud afable de quienes hacen la noche dentro del foro.
***
Y si hubo sones bluseados, jazzecito de aquellas, detrás de las cortinas de palma, a un ladito, los muchachos de botas y sombreros, allá, calladitos, esperando su turno. Y vino el momento de trepar al escenario, no sin antes la gratitud del grupo Zazhil para con los integrantes de Tributo, los que todos los viernes llenan con su bajo sexto y acordeón las emociones de los parroquianos.
No falta la espontaneidad, que de esto también está hecha la vida. Arriba y con micrófono en mano Susana Salcido hace estallar su garganta para evocar a doña Chayito Valdez al interpretar Celosa, y bueno, que las palmas tronando también fueron de gratitud.
Noche de fraternidad. Celebración del oficio, y la vocación de los que persiguen a estos locos que se aposentaron para siempre en la construcción de notas. Dicen los que saben que Zazhil un día antes tuvo multitud en la explanada del museo y biblioteca de la Universidad de Sonora. Y que vinieron estos muchachos a la celebración de trova y poesía que se ofrece desde el área de Publicaciones del alma máter.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Hazlo por mi corazón

escito por Carlos Sánchez

Para que haya amor se necesita que haya besos. Chuy Vega canta ahora, mientras el acordeón se multiplica como un redoble en mi pecho, las parejas bailan. En el bajo sexto hay pasión, siento las cuerdas al imprimirse en los dedos del músico, y su voz un estruendo que incita a la danza. Tengo en la mente, no, en la mente no, en los ojos, tampoco en los ojos, en las manos, en los pies, en el tacto, el nombre de una muchacha que conocí el sábado pasado, aquí, en este mismo lugar: Gitanos Disco Bar, donde ahora tocan Los nuevos cadetes. Nogales es la frontera que nos junta, a ella y a mí, y ella que vino a buscar, yo que vine encontrar. Ella me dijo ese día, no, esa noche, cuando se acercó para que yo pudiera escucharla, que vino desde un pueblo en la sierra, buscando a su madre, que ya hace muchos años la extravió, que un día se enamoró, ella, o sea su madre, y dejó todo por el amor, incluida a ella y su hermano, yo le dije, gritándole, porque no me oía pues porque el volumen del conjunto estaba muy elevado, que qué bonita la historia de su madre y de ella, que así quisiera ser yo un día, dejarlo todo, y todo significa todo, nada que me llevo esto o lo otro, no, dejarlo todo significa que la muerte misma me acompañe pero a sabiendas de que uno puede sentir una bomba siempre a punto de estallar en medio del corazón, y a punto de estallar nomás porque se sabe querido, y de tan solo pensar en que a uno lo quieren y quiere, es la razón más contundente para soltarse de las ataduras. Me vio y sonrió, con dudas, en los ojos tenía dudas, ella que tiene en los labios la textura de una hoja de maple en primavera, el color del otoño en su piel, ella con los ojos tan grandes como el ruido del conjunto, nomás me miró y se puso a bailar, pienso yo que lo hizo para evadirme, o tal vez porque andaba cerca, porque según también me dijo que se sentía bien en ese bar, con música en vivo que porque en su pueblo de allá de la sierra hacía mucho que no iba a una fiesta con música así, y que bueno, pues ya en cualesquier momento sabía ella, estaba segura, podría encontrar a su madre. Bailamos ese día la misma canción que suena ahora, ese día, no, esa noche, la cantaron los Vagos del Norte, hoy la canta Chuy Vega, y parece como si yo le hubiera solicitado esa pieza: Quiero pensar en ti durmiéndome otra vez / y al despertar mañana. Escucho y la miro pegadita en mis brazos, con su chiquito cuerpo, delgadito, las piernas volándole del suelo, apenas pegando la punta de sus pies, trepándome. Nos deslizamos por toda la pista, al tenerla en mis brazos me impresionaba pensar que como era que si nunca antes la había mirado ahora me sentía bien enamorado, yo no sé si a los demás les haya pasado algo similar, nomás verla bastó como para que mi cuerpo temblara y más cuando al bailar nos hicimos un solo tronido en el pecho, al ritmo de las canciones. Ahora suena esa misma canción que bailamos: Quiero cantarte a ti / como el senzonte aquél que canta en tu ventana. Chuy Vega es la neta, su voz sí es un senzonte, y canta para todos los que ahora celebramos, ¿qué celebramos?, lo que sea, yo por ejemplo celebro conocer a esta muchacha venida de un pueblo de la sierra, y celebro nomás porque mis manos estuvieron en su cintura, bien bonita la chamaca, sus labios son como una escultura de porcelana, no sé si Dios bendito se los dibujó, no sé, ella, mientras bailábamos y yo la apretaba más fuerte, me dijo que no, que los labios de ella son de su madre, que eso le han dicho y que lo comprobó en una foto que miró en un periódico y que fue justo ahí donde se enteró que su madre vive en Nogales, que por eso se vino y que no le importó el trabajo, ni los compromisos y que por ver a su madre todo, que aunque a ella le han dicho miles de cosas ella sabe que la madre es la madre y sólo una vez en la vida y que bueno ya aprovechando que la anda buscando pues que hay que divertirse y que por lo pronto en calidad de mientras la encuentra bailar es sano porque el cuerpo también lo necesita y a poco no, a poco no te sientes suave de bailar y ver a todas esas parejas que también idolatran a Chuy Vega y que a poco no está chila la luz de la disco, que a poco no hay que darle oportunidad al descanso a poco pura chinga de lunes a viernes y también los sábados. Los nuevos Cadetes ahora me interrumpen del recuerdo de esos labios, los que también al pensarlos se siguen aproximando a mí, despacio, entre queriendo y no, y vinieron pero no llegaron, pero ahora me interrumpe Chuy Vega, porque allá por debajo de la pista de baile se andan peleando unos muchachos y pues el vocalista les grita que se estén quietos, que si que no saben convivir en paz, que si todos somos mexicanos, eso dice, y que arriba la gente de Michoacán, no sé por qué lo dice, pero lo grita, y el mismo Chuy le hace una seña a sus músicos para que la fiesta continúe, como queriendo que con las canciones la raza vuelva al romance, al dancing, a que se les quite de la cabeza la idea de los problemas, que se diviertan mejor. Eso me dijo también la muchacha, pero eso fue mientras yo me tomaba una cerveza, allá en una mesa debajo de la salida de emergencia, yo cheve, ella refresco, porque el alcohol la marea y si algo le gusta en la vida, me dijo, es la lucidez, estar sobria, sólo así disfruta de su cuerpo, de sentirse, de mirarse, sólo así respira profundo, y que por eso nada de bebidas que le distorsionen, bueno, pues eso también me dijo, que ella nada de violencia, que aunque en su casa, con la familia que vive, que es su familia, claro, pero que ahí hace falta la madre verdadera, pues bueno, que a ella tampoco le cae bien la violencia, pero ese día, no, esa noche, afortunadamente no hubo chingazos, todo formalito, ordenadamente todas las parejas bailando apretadito, como ella y yo. Allí fue en esa mesa, donde me acerqué a su cara, tenía yo el pretexto de no escucharla, pues así no falla, de cerquita ya las muchachas no pueden decir que no, entonces que me le acerco y le rozo la mejilla con mis labios, creo que le picó el bigote, lo sentí, no me dijo nada, pero como que la piel respingó, se hizo un poquito hacia atrás, pero sin rechazarme, sé que no, porque uno luego siente cuando no se hace, yo en la mirada luego sé cuando hay correspondencia, pues ahí que estamos yo diciéndole cosas al oído y ella entendiendo todo, o haciendo como que entendía, y ya en la desesperación que me le voy como cochito al maíz, sobre la trompa, a hundirme en el fango, pero nada, peor que un swin en la última entrada con dos ponches y caja llena, que me voy de bruces y solo, lo bueno es que nadie me vio, estábamos solos, o acariciándole la muñeca de su mano izquierda, bien despacio, como se toca digamos el último cigarro y al amanecer, así, y ella me buscaba con sus pies, me tocaba por encima de las botas, con delicadeza, y también fue que mientras bailábamos, ella me rozaba el pecho con sus pezones erguidos, eran, no, son, del tamaño de un penny, así, con esa exactitud, y como apretando un penny tenía sus rodillas juntas, lo supe al intentar meter mi mano entre ellas en un par de ocasiones, no, bien firmes, sólo en la piel, allí si pude deslizarme, tocarla, incluso, también cuando bailábamos, me dejó morderle con los labios su oreja derecha, o no es que me haya dado permiso, yo nomás me dejé ir, bien tierno, ella no opuso resistencia. Chuy Vega es chilo, y en su voz tiene un timbre que le gusta a la raza, y entre rola y rola conversa, vacila, es como cualquiera de nosotros acá abajo, escuchándolo, no parece tan famoso, es decir, no se porta presumido, es a toda madre, ya calmó a los peleoneros, ya la fiesta en paz, ahora canta esa de Hazlo por mi corazón, con esa me hace más pesada la espera, su ausencia, es como si yo le estuviera cantando a esa muchacha venida de un pueblo de la sierra, que No lo haga tanto por mí, y es que parece como si se hubiera llevado un pedazo de él, de mi corazón, aunque me puedo sentir sacado de onda, cómo de que en un día, no, en una noche, ya me estoy vaciando por no verla, por no encontrarla, bueno, sí la encontré, y pero qué cabrón esto, uno nunca tiene fin, porque no estuvo nada mal ese día, no, esa noche, amanecimos caminando por la avenida Obregón y hacia la colonia Cajeme donde dicen que le dijeron que su mamá vive en una traila, muy cerquita del estadio de beisbol, y cómo olvidar sus ojos cuando por fin dimos con la traila y le dijeron unos señores, que salían de debajo de un puente encima de un arroyo, que la señora hacía algunos días que no regresaba, pero que eso era normal que porque algunas veces duraba hasta semanas sin venir a dormir, y yo pues lo único que pude ofrecerle fue ir a desayunar, no le quise decir que en mi casa podría descansar, porque luego se le nota a la muchacha que es gente decente, y tal vez hubiera mal interpretado y pues para qué arriesgarme si yo nomás de verla estaba feliz y no me podía arriesgar a hacerle pasar un disgusto, mejor fue que la llevé a donde me pidió que la llevara, la acompañé a la central de Tufesa, allí miré cuando se trepó en un transporte, y antes de irse me dijo que volvería, que ella estaba segura de encontrar a su madre, que ella sabe que en el Gitanos se la lleva, pero pues que esa noche tuvo mala suerte, aunque no tan mala fue la suerte que porque me encontró a mí. Calmado, no peleen, muchachos, eehhh. Otra vez Chuy vega intenta calmarlos, ya mientras canta les dice que no, que otra vez no, por lo menos eso me hace sentir bien, saber que no vino está bien por ese lado, porque ella no merece este tipo de fiestas, ella es una muchacha buena, se le nota de a luego en su manera de mirar, y también lo sé porque algo me confió, me habló de su novio, que ella está en compromiso de amor con él, que sí le parezco agradable, no, agradable, no, interesante, eso fue lo que dijo, que le gustan mis ojos, no, mis ojos, no, mi manera de mirarla, que disque le recuerda un pez en la pecera que tiene en la mesa de la cocina de su casa, que al verme era sentir paz, pero que mi sonrisa, no, mi sonrisa, no, mis dientes, así disparejos, le parecían graciosos, infantil, sí, infantiles, sí, pero que no podía, que si el deseo está bien, pero que no, que en la casa donde creció le dijeron que no puede mirar a otro que no sea su novio, que no siga los pasos de su madre, que no está bien abandonar a los hijos, que no está bien dejarse ir por el amor, que la pasión nunca fue recomendable cuando ya se tiene una pareja a quien ser fiel, que por eso estaba mejor así, que el baile es sano y ya es mucho que los cuerpos estén juntos, que gracias por las horas felices, y justo ahí es cuando sonaba esa canción, ese estribillo, y debe ser que lo dijo como que porque ya no tenía más palabras, y bueno, es normal, las palabras faltan siempre, yo tampoco muchas veces sé cómo decir lo que siento porque no me alcanzan las palabras, y así fue que sólo me besó pero desde lejos, y también dijo que lo hizo y lo seguiría haciendo con el pensamiento. Le agradezco a Chuy Vega esta noche, él sí tiene palabras para decir el sentimiento, y nos hace sentir. Ahora dicen que suena la última canción, y ya los muchachos se han aplacado, yo intento recordar el nombre de la muchacha venida de un pueblo de la sierra.