domingo, 24 de marzo de 2013

Barrio misterio



Carlos Sánchez

Hoy hice una pausa en mi rutina. Me despojé de los horarios, quedé mal con una cita ante la muerte. Hoy trepé de nuevo al cerro para mirar a mis camaradas: el Tarachi, la Ana, el Marce, la India.
Y pude sentir las manos de sólo observarlas. Miré por ejemplo cómo la Ana, señora madre de mis contemporáneos, ellos ahora presos de tanta valentía, estuvo para domar la vara y formar los misterios que incluyen un rosario.
La Ana corta con talento la vara, elabora pequeñas esferas, posteriormente las guisa en manteca de res, obviamente que encima de una hornilla, con lumbre desde leños. Y así se pasa las horas para lograr uno o dos o tres rosarios que arman con hilazas y luego vende en cincuenta pesos.
Hoy que hice la pausa pude ver el corazón del barrio, sus arterias que son los callejones y tienen como nomenclatura palabras yaquis, porque aquí, en el barrio La matanza, llegaron o nacieron, y se quedaron, los integrantes de la etnia.
Y ahora es que continúan con sus manifestaciones religiosas, el aprendizaje desde quienes  le legaron la vida. Ahora es que cultivan sus tradiciones, y al regresar al barrio inevitable es mirarlos elaborar sus máscaras de fariseos, los colgantes, los cascabeles, sus básculas, sus manitas, e inevitable es verlos también bailar con sus máscaras puestas, con los huaraches de vaqueta, con la alegría de obedecer las consignas de la tropa que comanda el capitán.
Ante esta perspectiva, en torno de un jardín de sábilas y nopales, ramas y flores, en esta falda del cerro, con la vista hacia la post modernidad donde hay un cine y tiendas departamentales, y por donde antes corriera un río, al sentir el viento miro el recuerdo y los días de jugar futbol sobre la arena. Inverosímil me resultan las imágenes, y aún entendiendo que la vida avanza, no puede hacerme sentir, la transformación, otra cosa más que un arrebato a lo que he sido cuando niño.
Porque ya no el Marcelino Ruiz, a quien le decíamos El motor, esposo de la Ana, para bailar la danza mística del venado, y cómo sería si la muerte se le apersonó en los cuernos de una bicicleta para clavársele en el vientre y así hasta la sepultura. La Ana habla de su marido y parecería que lo mira andar por los callejones. Siempre que lo invoca inevitable es una sonrisa.
He vuelto en esta pausa, a los días de infancia, adolescencia, y entre la ternura y la nobleza de la Ana he degustado una sopa de coditos, un plato con frijoles, tortillas de maíz. Y he digerido también las otras muertes posteriores a las de su marido, porque aquí la muerte es tan constante como la alegría de entender que así es esto mientras se está en la vida.
La Ana entonces para reiterarme, refrendarme, que la semana pasada fue el Changai, el camarada que se equivocó de camino y tomó la jeringa equivocada, se le hincharon los brazos, después ya no más oxígeno para el corazón. La Ana otra vez para comentar la muerte porque sólo unos días después un cuchillo le arrebato los pasos al Metayo, aquél morro que fuera mi alumno en una cárcel para menores.
Lugo vino el mirar los rostros tristes en los vecinos a la casa de la Ana, porque apenas ayer la Chona, la mamá del Cali, la Franqui, el Mario, el Quesito, el Bombas, se fue de tantos años ya encima del barrio y todo tiene un fin.
En esta pausa a los horarios, la rutina, encontré de nuevo lo que nunca he extraviado: mi infancia, adolescencia, mis pasos yendo nomás para venir por los rincones todos del barrio, los mismos que permanecen dentro de mi cuerpo: las raíces que me mantienen para volver a andar.

sábado, 23 de marzo de 2013

Prudente, consecuente: Abigael Bohórquez




Carlos Sánchez

Consecuente. Abigael Bohórquez rebasa ahora los designios de sus predicciones. Tal vez nunca imaginó lo que la poesía daría a su propio nombre: la inmortalidad.
Porque muere el poeta y el verso se agiganta. Las palabras desde el instinto, el dolor, la honestidad, son fragua inmarcesible para rubricar el cielo. Abigael no pudo ser de otra manera.
Oriundo de Caborca, éste su pueblo del que un día emigró sólo para ir en busca de sí mismo y al que luego regresó nada más para seguir encontrándose y tocando a través de la poesía, aquí, con el recuerdo de las golondrinas que su madre doña Sofía amó desde la ventana de la que fue su casa.
A Bohórquez, ya lo dijo el poeta, Efraín Huerta, le duele el esqueleto cuando camina. ¿Y por qué no?, si el compromiso con la palabra le significó el compromiso consigo mismo y fue entonces que levantó la voz para decirse y decirnos lo que amó, lo que ama. Oh poeta de poderosa y macha poesía. Abigael Bohórquez, poeta de todas las latitudes.
Y fueron éstos los móviles para sus versos, los que caminan de la mano del prestigio, consecuencia que le ha valido ahora que ellos mismos tomen, a partir de su fuerza, su propia difusión, y cabalguen otras lenguas, como es ya el francés y próximamente el portugués.
Prudente. Anduvo los camellones de la ciudad tocándose los bolsillos locos, en frágil ayunanza, recogiendo azahares, exprimiendo naranjas, tomando espigas. Y fue así que la congruencia un día también fue para él digno apellido. Y no dejó de volver la memoria para con los suyos, y ya Caborca se le dibujó con el filo de la esperanza en medio del corazón. Para él Caborca fue identidad, memoria, tierra prometida en la que un día quiso que un epitafio acompañara el nombre de su madre doña Sofía Bohórquez, y que en el mismo camino y con un pedazo de suelo un puñado de hormigas poblaran su calavera, la de él: aquí, en Caborca.
Poeta. Hablar de su tierra era caerse a pedazos los lagrimales, verter la elocuencia y sonreír nomás de pura nostalgia, volver a la albahaca, el corral de la casa, las gallinas, los árboles, allá otra vez en ese pedazo agreste donde se fundó su familia y tuvo como historia las primeras miradas de amor que pudo fabricarle desde siempre su madre doña Chofi.
Extremo. Porque un día lo refrendó. El calor y los trenes. Las parras y los olivos. La tierra y en ella un surco donde la poesía germinó desde sus garabatos primeros. Una mariposa es un pañuelo de colores. Escribió.
Decir Abigael es también esto: umbral de primavera, marzo doce, Caborca en las sienes, Caborca en los ojos. Y un corazón jamás cansado de latir. Al compás de la poesía.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Morir vestida

La Perla y su paso por la vida, los días de infancia, la soledad, la adolescencia de pelo rizado, su capacidad para el ligue, un mal encuentro con los malos, el final

Carlos Sánchez

Cd. Victoria.- Bailaba como la Beyonce. Era exótica. Morena. Bailaba con cadencia. Fue Miss Tamaulipas en un concurso de belleza gay. También bailaba en las fiestas, en los bares, en concursos. Bailaba…
De niño se trepaba a los camiones, optimizaba los rizos de su larga cabellera, su piel oscura, su cuerpo esbelto, su voz de canario y se vestía de payaso. Contaba chistes y pedía dinero por sus números a veces ensayados, otras veces –los más– improvisados. Cuando un vecino de la colonia se trepaba en el mismo camión que él, la reacción generalmente era el silencio. Tenía que huir como si lo acusaran de robo.
En Ciudad Victoria, Tamaulipas, la paranoia late en todas las calles. En los medios de comunicación se registra la violencia, pero digamos que la violencia light, la intrafamiliar, la del bandido que atraca comercios, el cristalazo a la cervecería, la colisión y las pérdidas irreparables.
Aquí los reporteros de la fuente policiaca firman notas sobre jueces que rechazan a sus guaruras, estadísticas de accidentes que son la principal causa de muerte. Nuca la investigación de un asesinato, nunca los nombres de los que mueren después de un levantón.
Por eso el nombre de Jorge Alejandro Camarillo Zapata (a quien de niño apodaban el Negro y cuando fue creciendo adoptó el de la Perla), no apareció en los periódicos para que la sociedad se enterara de su muerte, como antes fue costumbre en esas secciones que paradójicamente llevan por título: Seguridad.

Si deseas leer el texto competo, da click en: www.spleenjournal.com

martes, 6 de noviembre de 2012

Editar: impulso irracional




Carlos Sánchez

Editar es un gusto, y ocurre desde el impulso. Las palabras construyendo literatura, análisis, los puntos de vista dichos desde el pensamiento.
Coordinador editorial de la revista La tempestad, Óscar Benassini, vino, procedente del Distrito Federal, a la Feria del Libro Hermosillo 2012, precisamente a eso, a compartir el contenido de la revista que coordina, y a conversar.
En el Foro Rosario Castellanos compartió sus conceptos, en la Feria ejemplares para hacerlas circular. Allí también esta entrevista:
--A veces es una aventura, a veces un sueño, editar, sin embargo La tempestad tiene prestigio y además permanece en circulación. ¿A qué le adjudicas esta permanencia?
--Yo estoy en ella desde hace cinco años, pero la revista hace quince años que existe, y me he dado cuenta que no nada más son las ganas de hacer una revista o el conocimiento para hacerla, sino básicamente la verdad hay que tener dos cabezas, una que se encarga de lo romántico, las cuestiones editoriales, y otra cabeza fría para ver la revista como un medio, un producto, que más allá de posicionarse en el gusto de las personas, que tenga lectores, pueda comercializarse, yo creo que este es el éxito de una revista, porque personas con gusto para leer va a haber en todos lados, pero cómo le haces para hacerlo llegar a las personas, se escucha feo pero es la realidad, es una visión comercial del objeto que tienes, que estás haciendo.
--¿Cómo funciona la publicación de La tempestad, cuáles son los criterios editoriales, la forma para hacerse de colaboradores?
--Nace del gusto, nos gusta, nos interesa un tema, se hace una reunión, al director le interesa otra cosa y se llega a un consenso de cómo algo está pasando en el mundo pero qué están pensando los artistas sobre eso, ubicamos a artistas, luego hay una labor de mapear a escritores y concluimos que este puede escribir sobre esto y ese sobre otra cosa, comisionamos todos los textos siempre, pero es una labro de investigación de ver quién está en la misma sintonía que nosotros ese bimestre, y ya, es todo. Los criterios obviamente son de que sepa redactar y que sea un especialista en el tema, pero siempre tratamos de perfilar con el autor, el colaborador, los textos, decirle por aquí, o por acá porque al final la revista tiene qué tener una opinión y esa la modelan los editores.
--¿Por qué editar?
--No hay un porqué, es un impulso irracional, si yo quiero hacerlo, es raro porque particularmente la labor de un editor es como una criba, hacer un conjunto de cosas que te gustan, que emiten una opinión ya reunidas, pero combinas imagen y texto, no te dedicas sólo a la imagen o al texto, estás haciendo un paquete de información sobre algo. El editor lo que quiere hacer al final y dejar una opinión sobre algo y reúne un paquete de información y la revista es su comentario, o crítica u opinión sobre ciertas cosas, pero creo que nace de algo medio irracional o instintivo pero que nace de la urgencia de opinar sobre lo que está pasando.
--Óscar Benassini es una referencia de los editores de Sonora, a nivel nacional, ¿qué te significa presentar esta revista en la que estás editando, a Hermosillo, de donde eres originario?
--Me da emoción volver a mi casa, mis calles. No conozco a tantos editores aquí pero sé que hay muchas cosas y valdría la pena de que pensaran más allá de la cuestión de hacer una revista en Hermosillo, creo que esa visión de desde dónde estás haciendo la revista, es muy fuerte para los editores de acá, como una renuencia al centro, pero que es una idiotez porque cuando tú renuncias al centro te estás convirtiendo en el centro, estás haciendo lo mismo, pero me emociona ver publicaciones nuevas, y creo que hace falta un trabajo más eficaz de las instituciones, aunque una revista no puede depender de las instituciones, y un poco más de valentía, de arrojo de los editores, de hacer un proyecto más congruente, más conciso, porque una revista no sirve de nada si no llega a las personas, porque si no estás hablando en tu casa, y para eso me pongo a cantar en el baño, tienes qué hacerla llegar, si no, no existe, y creo que hay una limitación aquí.

Teoría de las catástrofes, públicas e internas




Carlos Sánchez / sonarquevemos@gmail.com

Radica en Oaxaca, es de Zacatecas. Vino a la Feria del Libro Hermosillo 2012, a presentar su novela Teoría de las catástrofes (ed. Alfaguara). Tryno Maldonado es escritor, editor, reconocido como uno de los mejores novelistas jóvenes de la actualidad.
Del contenido de su novela, de las obsesiones y pretensiones. De eso trata esta conversación:
--¿Cuál es el detonante para que exista ahora tu novela Teoría de las catástrofes?
--El escenario en el que se desenvuelve la novela es el casi año completo de 2006 en Oaxaca donde ocurrió un plantón de maestros, y la posterior incursión de la policía Federal para sofocar el movimiento, esto es el resumen: siete meses e orden cronológico, es como el contexto donde se desarrolla la novela y sin embargo esa es la lectura a nivel del ámbito público, pero existe otra lectura que es en el ámbito de lo privado: una pareja de mi generación, un chavo y su chava que duran tres años y estamos viendo su último año de relación, entonces el libro puede leerse como una catástrofe a nivel social pero también una catástrofe doméstica, y una catástrofe íntima, entonces me interesaba jugar con esos dos ámbitos, poner el lente grande que englobara lo social, el conflicto político y la crisis del estado que se vivió en ese momento, y por otro lado esta historia de un amor que llega a su fin.
--¿A qué aspiras como novelista cuando se te viene a la mente ese proyecto?
--Primero a ser honesto, contar historias honestas, sin ninguna pretensión, muchas de las cosas aquí narradas tienen un cariz autobiográfico, aunque esas son las más aburridas, las más interesantes son meramente ficción, y lo otro, la mayor pretensión o aspiración es simplemente relatar el tránsito de un grupo de individuos de diferentes generaciones, diferentes orígenes que transitan por un conflicto social que los sacude y les hace ver su mundo y su país con otra óptica, esa era la única pretensión, y sin embargo no quería darle la vuelta a los grandes relatos, no quería dejar de soslayo, como muchos autores de mi generación de literatura de moda hacen, y que solamente se ven el ombligo, o recurren a otros libros, a otro autores.
Me interesaba hablar del amor, si yo te dijera que esta es una novela de amor puede sonar muy cursi, sin embargo quería plantearme el amor como tema generacional y cómo se entablan las relaciones afectivas para toda una generación y las relaciones interpersonales. Me interesaba hablar de política también y del por qué un buen de mi generación tememos o somos renuentes al compromiso de toda índole, por ejemplo político, compromiso de pareja,  compromiso a una causa, a un partido, parece que somos activistas de facebook solamente, pero si eso implica llevar tus ideas más allá, llevarlas a la calle, ahí sí se acabó el activismo, y es un poco lo que tiene qué hacer Anselmo, mi protagonista, se ve involucrado por razones un tanto azarosas en el movimiento magisterial y en el posterior movimiento civil de 2006, y esta era la aspiración que tenía: ser honesto, hablar de temas que yo creo deben ser tocados en este momento.
--Una novela que te lleva más de tres años escribirla, una novela de cuatrocientas páginas, ¿qué te provee, qué te deja, qué te aporta?
--En el proceso mucha incertidumbre, te puedo contar esta novela por la suma de las restas que tuve durante este proceso que fue muy arriesgado, muy temerario, pero no me arrepiento. Las restas que tuve durante el proceso de creación fueron mi trabajo, mi chava de entonces, me quedé sin dinero, empecé a comer sopas Maruchan, latas de atún, pero dije si no lo hago ahora que tengo treinta y tantos años, va  a ser complicado que se den las mismas circunstancias para hacer una novela tan ambiciosa como esta.