sábado, 14 de septiembre de 2013

Cuando creo haber dado en el blanco es porque sé que todo estaba como debió haber sido en ese instante, en esa milésima de segundo



José Hernández Claire

Carlos Sánchez

Habla y los ojos se le agrandan. Gesticula. Agradece. Cuenta que la vida le regala maravillas, una de ellas es esa conexión que le llega “Desde arriba”, porque muchas veces está en el lugar indicado para hacer una fotografía. José Hernández Claire visita Hermosillo, dentro del festival fotográfico Fotoseptiembre, para compartir su exposición Fe, ritos y tradiciones de Jalisco, en MUSAS. En el colofón de la charla dirá que está agradecido con los organizadores de la exposición: con el Instituto Sonorense de Cultura, con el coordinador de Artes Visuales Zacarías Paez y su asistente Claudia Díaz Symonds, con el Sistema Nacional de Creadores de Artes del FONCA. Al final de la conversación hará énfasis para que no se le olvide al reportero poner esos datos, “Como un acto de justicia y gratitud”. Pero antes de esto, debajo del cerro de la Cruz, en Villa de Seris, conversa respecto lo que mueve su trabajo fotográfico, las obsesiones en los temas, su formación, la amistad emblemática que tuvo con don Manuel Álvarez Bravo.

--¿Cómo fue su encuentro con el tema de su exposición?

--El género fotográfico que trabajo es el documental. Para mí la condición humana, el entorno, la marginación y manifestaciones de toda índole: religiosas, políticas, son importantes. Desde hace años he querido hacer un trabajo sobre lo que es en Jalisco la fe.
Antes de entrar en este tema yo estaba realizando un trabajo sobre la migración y me encontré que con los migrantes, una de las características de sus celebraciones tenían que ver con fiestas patronales, regresaban porque era la fiesta de su pueblo, porque eran los quince años de la hija o que se iba a casar, y ese era el pretexto de retorno de los paisanos, de tal manera que a muchos de los migrantes yo los había retratado en ese tipo de situación, y fue que se dio ese eslabón y entonces dije: voy a continuar ahora con el tema que es muy fuerte para todos esos paisanos que vienen y que van a los centros ceremoniales. En Jalisco hay tres muy fuertes, uno es Talpa de Allende, donde está la virgen de Talpa, otro es  San Juan de los Lagos, y la Basílica de Zapopan. A estos les llaman Las tres comadres, porque físicamente, la estructura de la imagen, están hechas a base de caña, de maíz, miden lo mismo, son similares vestimentas. Esos tres lugares convocan a millares de peregrinos en el año. Y puedo hablar de otros lugares como Temastian en Los altos, pero Jalisco tiene una tradición muy fuerte, por eso me pareció interesante retratar esa fe, el sincretismo nacional que tenemos, ese ha sido el enfoque.

--¿Pudiera contarme la anécdota de esa foto que tanto le gusta y está dentro de esta exposición?

--Me es difícil decir me quedo con una foto, pero si puedo decirle cuáles todavía me mueven, diría que es una que recientemente hice en Lagos de Moreno, y está aquí expuesta, es esa donde traen al Cristo del calvario con motivo del CDL aniversario de la Fundación de Lagos de Moreno, por primera vez al Teatro Rosas de Moreno, y lo llevan del calvario, en peregrinación y entra un pequeño número de seiscientas personas, que es la capacidad del teatro, el título de esta imagen es Jesucristo super estrella, y precisamente me recuerda aquella obra de teatro, la película, y es una estrella dentro de ese teatro al que entra glorioso, triunfante. Esa imagen me mueve. También hay otra que tomé en Teocaltiche, Jalisco, donde está la imagen de La Piedad, el busto, dentro de una camioneta tipo Ram, la llevaban en una semana santa para la peregrinación, como imagen del dolor, y se me hizo de lo más sub real encontrar en ese entorno un busto enorme de La Piedad.

--Sus fotos son directas, no recorta, ¿por qué ahora que está tan de moda el fotoshop no manipula las imágenes?

--Me considero en la fotografía, dentro de la corriente purista. Fui influido  por el trabajo, cuando estudié y admiro muchos esas obras, por Henri Cartier - Bresson, esta leyenda de la fotografía francesa, tenía esta frase del momento decisivo que él acuñó, y en el cual una de sus manifestaciones importantes era que una imagen no debiera ser cortada jamás, ni un milímetro, porque se cortaba su forma, su geometría, o  podría alterarse el contenido de la misma. En esa corriente de purismo él exigía un rigor visual, yo siempre creí en eso, en el rigor visual, no en la comodidad de un negativo en la ampliadora y tratar de hacer la foto que no se hizo en el momento tal como sucedió. Esa ha sido mi disciplina visual desde que inicié la fotografía. Cuando una imagen no tiene la fuerza es por dos razones, los elementos que hacen la foto fuerte son la forma y el contenido, si una fotografía tiene una buena forma pero un débil contenido, la imagen no tendrá el impacto ni la fuerza, y viceversa, si una fotografía tienen un buen contenido y una buena forma, sucede que la foto tampoco va a trascender, esa es la simbiosis de la cual uno tiene que reconocer siempre al momento de estar retratando, cualquier alteración a posteriori significa que falló en alguno de los elementos.

--¿Qué le ocurre físicamente, emocionalmente, cuando dispara la cámara?

--Mi padre era cazador, él decía que cuando le tiraba a un venado, sentía cuando le pegaba, sentía en el momento de apretar el gatillo, yo siento, y esa es una de las cosas en la foto, que uno debe sentir eso a la hora de tomar una foto: cuando creo haber dado en el blanco es porque sé que todo estaba como debió haber sido en ese instante, en esa milésima de segundo.

--¿Qué su dejó la amistad con Manuel Álvarez Bravo?

--Mi encuentro con don Manuel fue trascendente. Yo estaba estudiando fotografía en el Instituto Prat, haciendo paralelo estaba en una maestría en diseño urbano, y empiezo a estudia foto porque no la sabía trabajar. Me tocó la suerte de tener maestros que eran artistas de Nueva York, fotógrafos que conocían a los artistas en esa época, vivos o no vivos, pero Nueva York era la meca de los artistas en ese tiempo, cuando los maestros supieron que iba a venir Manuel Álvarez Bravo, uno de ellos, a través de una ex alumna, hicieron una cena privada y me invitaron, allí conocí a don Manuel, y fue clave, porque desde ese día hasta su muerte, 2002, mantuve una mistad con don Manuel y aparte no sólo la amistad, sino consejos y retroalimentación clave para mi desarrollo como artista. Estuve en su estudio, vino en diferentes ocasiones a Guadalajara, me obsequió una de sus famosas fotografías, La buena fama durmiendo, entre otras cosas que tan generosamente compartió conmigo, y sobre todo sus enseñanzas, fue fundamental.




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