jueves, 29 de noviembre de 2012

Morir vestida

La Perla y su paso por la vida, los días de infancia, la soledad, la adolescencia de pelo rizado, su capacidad para el ligue, un mal encuentro con los malos, el final

Carlos Sánchez

Cd. Victoria.- Bailaba como la Beyonce. Era exótica. Morena. Bailaba con cadencia. Fue Miss Tamaulipas en un concurso de belleza gay. También bailaba en las fiestas, en los bares, en concursos. Bailaba…
De niño se trepaba a los camiones, optimizaba los rizos de su larga cabellera, su piel oscura, su cuerpo esbelto, su voz de canario y se vestía de payaso. Contaba chistes y pedía dinero por sus números a veces ensayados, otras veces –los más– improvisados. Cuando un vecino de la colonia se trepaba en el mismo camión que él, la reacción generalmente era el silencio. Tenía que huir como si lo acusaran de robo.
En Ciudad Victoria, Tamaulipas, la paranoia late en todas las calles. En los medios de comunicación se registra la violencia, pero digamos que la violencia light, la intrafamiliar, la del bandido que atraca comercios, el cristalazo a la cervecería, la colisión y las pérdidas irreparables.
Aquí los reporteros de la fuente policiaca firman notas sobre jueces que rechazan a sus guaruras, estadísticas de accidentes que son la principal causa de muerte. Nuca la investigación de un asesinato, nunca los nombres de los que mueren después de un levantón.
Por eso el nombre de Jorge Alejandro Camarillo Zapata (a quien de niño apodaban el Negro y cuando fue creciendo adoptó el de la Perla), no apareció en los periódicos para que la sociedad se enterara de su muerte, como antes fue costumbre en esas secciones que paradójicamente llevan por título: Seguridad.

Si deseas leer el texto competo, da click en: www.spleenjournal.com

martes, 6 de noviembre de 2012

Editar: impulso irracional




Carlos Sánchez

Editar es un gusto, y ocurre desde el impulso. Las palabras construyendo literatura, análisis, los puntos de vista dichos desde el pensamiento.
Coordinador editorial de la revista La tempestad, Óscar Benassini, vino, procedente del Distrito Federal, a la Feria del Libro Hermosillo 2012, precisamente a eso, a compartir el contenido de la revista que coordina, y a conversar.
En el Foro Rosario Castellanos compartió sus conceptos, en la Feria ejemplares para hacerlas circular. Allí también esta entrevista:
--A veces es una aventura, a veces un sueño, editar, sin embargo La tempestad tiene prestigio y además permanece en circulación. ¿A qué le adjudicas esta permanencia?
--Yo estoy en ella desde hace cinco años, pero la revista hace quince años que existe, y me he dado cuenta que no nada más son las ganas de hacer una revista o el conocimiento para hacerla, sino básicamente la verdad hay que tener dos cabezas, una que se encarga de lo romántico, las cuestiones editoriales, y otra cabeza fría para ver la revista como un medio, un producto, que más allá de posicionarse en el gusto de las personas, que tenga lectores, pueda comercializarse, yo creo que este es el éxito de una revista, porque personas con gusto para leer va a haber en todos lados, pero cómo le haces para hacerlo llegar a las personas, se escucha feo pero es la realidad, es una visión comercial del objeto que tienes, que estás haciendo.
--¿Cómo funciona la publicación de La tempestad, cuáles son los criterios editoriales, la forma para hacerse de colaboradores?
--Nace del gusto, nos gusta, nos interesa un tema, se hace una reunión, al director le interesa otra cosa y se llega a un consenso de cómo algo está pasando en el mundo pero qué están pensando los artistas sobre eso, ubicamos a artistas, luego hay una labor de mapear a escritores y concluimos que este puede escribir sobre esto y ese sobre otra cosa, comisionamos todos los textos siempre, pero es una labro de investigación de ver quién está en la misma sintonía que nosotros ese bimestre, y ya, es todo. Los criterios obviamente son de que sepa redactar y que sea un especialista en el tema, pero siempre tratamos de perfilar con el autor, el colaborador, los textos, decirle por aquí, o por acá porque al final la revista tiene qué tener una opinión y esa la modelan los editores.
--¿Por qué editar?
--No hay un porqué, es un impulso irracional, si yo quiero hacerlo, es raro porque particularmente la labor de un editor es como una criba, hacer un conjunto de cosas que te gustan, que emiten una opinión ya reunidas, pero combinas imagen y texto, no te dedicas sólo a la imagen o al texto, estás haciendo un paquete de información sobre algo. El editor lo que quiere hacer al final y dejar una opinión sobre algo y reúne un paquete de información y la revista es su comentario, o crítica u opinión sobre ciertas cosas, pero creo que nace de algo medio irracional o instintivo pero que nace de la urgencia de opinar sobre lo que está pasando.
--Óscar Benassini es una referencia de los editores de Sonora, a nivel nacional, ¿qué te significa presentar esta revista en la que estás editando, a Hermosillo, de donde eres originario?
--Me da emoción volver a mi casa, mis calles. No conozco a tantos editores aquí pero sé que hay muchas cosas y valdría la pena de que pensaran más allá de la cuestión de hacer una revista en Hermosillo, creo que esa visión de desde dónde estás haciendo la revista, es muy fuerte para los editores de acá, como una renuencia al centro, pero que es una idiotez porque cuando tú renuncias al centro te estás convirtiendo en el centro, estás haciendo lo mismo, pero me emociona ver publicaciones nuevas, y creo que hace falta un trabajo más eficaz de las instituciones, aunque una revista no puede depender de las instituciones, y un poco más de valentía, de arrojo de los editores, de hacer un proyecto más congruente, más conciso, porque una revista no sirve de nada si no llega a las personas, porque si no estás hablando en tu casa, y para eso me pongo a cantar en el baño, tienes qué hacerla llegar, si no, no existe, y creo que hay una limitación aquí.

Teoría de las catástrofes, públicas e internas




Carlos Sánchez / sonarquevemos@gmail.com

Radica en Oaxaca, es de Zacatecas. Vino a la Feria del Libro Hermosillo 2012, a presentar su novela Teoría de las catástrofes (ed. Alfaguara). Tryno Maldonado es escritor, editor, reconocido como uno de los mejores novelistas jóvenes de la actualidad.
Del contenido de su novela, de las obsesiones y pretensiones. De eso trata esta conversación:
--¿Cuál es el detonante para que exista ahora tu novela Teoría de las catástrofes?
--El escenario en el que se desenvuelve la novela es el casi año completo de 2006 en Oaxaca donde ocurrió un plantón de maestros, y la posterior incursión de la policía Federal para sofocar el movimiento, esto es el resumen: siete meses e orden cronológico, es como el contexto donde se desarrolla la novela y sin embargo esa es la lectura a nivel del ámbito público, pero existe otra lectura que es en el ámbito de lo privado: una pareja de mi generación, un chavo y su chava que duran tres años y estamos viendo su último año de relación, entonces el libro puede leerse como una catástrofe a nivel social pero también una catástrofe doméstica, y una catástrofe íntima, entonces me interesaba jugar con esos dos ámbitos, poner el lente grande que englobara lo social, el conflicto político y la crisis del estado que se vivió en ese momento, y por otro lado esta historia de un amor que llega a su fin.
--¿A qué aspiras como novelista cuando se te viene a la mente ese proyecto?
--Primero a ser honesto, contar historias honestas, sin ninguna pretensión, muchas de las cosas aquí narradas tienen un cariz autobiográfico, aunque esas son las más aburridas, las más interesantes son meramente ficción, y lo otro, la mayor pretensión o aspiración es simplemente relatar el tránsito de un grupo de individuos de diferentes generaciones, diferentes orígenes que transitan por un conflicto social que los sacude y les hace ver su mundo y su país con otra óptica, esa era la única pretensión, y sin embargo no quería darle la vuelta a los grandes relatos, no quería dejar de soslayo, como muchos autores de mi generación de literatura de moda hacen, y que solamente se ven el ombligo, o recurren a otros libros, a otro autores.
Me interesaba hablar del amor, si yo te dijera que esta es una novela de amor puede sonar muy cursi, sin embargo quería plantearme el amor como tema generacional y cómo se entablan las relaciones afectivas para toda una generación y las relaciones interpersonales. Me interesaba hablar de política también y del por qué un buen de mi generación tememos o somos renuentes al compromiso de toda índole, por ejemplo político, compromiso de pareja,  compromiso a una causa, a un partido, parece que somos activistas de facebook solamente, pero si eso implica llevar tus ideas más allá, llevarlas a la calle, ahí sí se acabó el activismo, y es un poco lo que tiene qué hacer Anselmo, mi protagonista, se ve involucrado por razones un tanto azarosas en el movimiento magisterial y en el posterior movimiento civil de 2006, y esta era la aspiración que tenía: ser honesto, hablar de temas que yo creo deben ser tocados en este momento.
--Una novela que te lleva más de tres años escribirla, una novela de cuatrocientas páginas, ¿qué te provee, qué te deja, qué te aporta?
--En el proceso mucha incertidumbre, te puedo contar esta novela por la suma de las restas que tuve durante este proceso que fue muy arriesgado, muy temerario, pero no me arrepiento. Las restas que tuve durante el proceso de creación fueron mi trabajo, mi chava de entonces, me quedé sin dinero, empecé a comer sopas Maruchan, latas de atún, pero dije si no lo hago ahora que tengo treinta y tantos años, va  a ser complicado que se den las mismas circunstancias para hacer una novela tan ambiciosa como esta.

La importancia de la música




Carlos Sánchez
Volver a Cananea. Los cerros como un camino bordado hacia el corazón.
Descendimos la cuesta, levantamos flores con los ojos, sentimos olores de tanto amar el paisaje. Ruido de pájaros, el viento luego para formarnos la idea clara de una tarde clara.
Cananea es esto y aquello: la memoria de una caminata sobre la plaza, el sicomoro alumbrando los sentidos de un niño que juega a ser guardabosques, la canción siempre repetida en noche bohemia y la historia de un preso por causa de su torpeza. Notas y versos de un pormenor.
Llegamos apenas la tarde en su pardeo, cruzamos las vías del ferrocarril y atrás la incertidumbre de la sierra, ese lugar adonde se trepa y quién sabe si uno podrá bajar. Esta ocasión, como tantas más, logramos el descenso con una sonrisa como careta inamovible.
Brindamos de manera tácita, apenas con el rumor de nuestras energías, apenas con la complicidad de la mirada. Luego fuimos a la biblioteca, después al barrio Cananeavieja, ante los ojos y las flores, esperando por nosotros Josefa, Chago, Socorro, los Rojas Molina: casa de puertas abiertas. Estrechamos las manos como vehículo de confrontar el alma.
Vimos un jardín, dos moradas para pájaros, un montón de ocre y pocos grados centígrados. Celebramos sin palabras, los párpados abiertos para describir el sentimiento.
Más tarde fue lo de Poesía en prenda, antes una sopa, unas enchiladas, una taza de café. Y vinieron las palabras para recordar al poeta ido: Abigael Bohórquez quien por el oficio todo lo diera.
Estábamos, estuvimos para celebrar los versos, la entereza, el atino de la palabra construyendo congruencia, sapiencia. Josefa Isabel Rojas Molina dijo el recuerdo y todos los presentes, después de las siete de la tarde y dentro del marco del veintisiete aniversario de la Biblioteca Pública Buenavista del Cobre, observamos al vate echando agua en la cabeza a un poeta en ciernes llamado Ramón Martínez. Porque así bautizó Abigael en su primera lectura a Ramón.
Eso fue en aquéllos años cuando Bohórquez llegó a Cananea y de cuya ciudad tenía la idea de una cabaña repleta de libros. Así la charla, después la lectura, Desazón es un poema que nos encoge el corazón y nos lo aprieta, también estuvo allí.
Vinieron comentarios, preguntas, datos fluyeron sobre el poeta Abigael, y aplausos a favor de su existencia. Así la tarde de un jueves para clausurar el día, con la poesía dispuesta, el recuerdo presente, perenne.
Al día siguiente la invitación, Verónica Canela que nos lleva de la mano generosa al restaurante de mariscos Mayra. Allí por sorpresa nos tomó la música desde el talento de Francisco Bracamontes.
Con un palo de ciego reposando en el umbral de una mesa, frente a un vitral, y más allá él con guitarra en mano, con micrófono cerca de los labios para vacilar la vida a ritmo de cumbia, de balada, unos Apson bien aplicados para recordar cuando apenas era un jovencito mi mamá me decía…
A Francisco hace algunos años se le apagó la luz de los ojos, y esto una consecuencia para encender la luz del talento, a más, porque ya lo traía, y fue entonces que ya de tarde y viernes preámbulo para la presentación de un libro más, Matar (conversaciones con asesinos), comimos acompañados de versos sin estridencia, de palabras hilarantes, divertimento ingenioso.
Un arroz, pescado frito, salsa bandera, limonada natural, camarones empanizados, caldo largo. Francisco nos convocó con su canto, y bailamos para adentro, porque el pudor nos paralizó el cuerpo. Celebramos su creatividad, la enjundia, y nuevamente supimos que Cananea es un canto constante.
Hubo un momento en el que vimos la sonrisa sostenida del cantante, y fue en el momento de entonar aquella historia de una sirena como desayuno. Nos divertimos también con la anécdota, con el equívoco en el verso y decir gallina por sirena. “Todos me dieron un carrillón”, dijo Francisco.
Y hete aquí la prueba de la música como importancia para seguir diciendo. Porque si no los ojos: sí los versos, el rasgueo, las canciones. Francisco Bracamontes se gana la vida y vive porque la música es emoción y también un oficio de generosidad.
Volvamos a cantar. Volver para bailar.






martes, 13 de marzo de 2012

La importancia de la música



Carlos Sánchez
Volver a Cananea. Los cerros como un camino bordado hacia el corazón.
Descendimos la cuesta, levantamos flores con los ojos, sentimos olores de tanto amar el paisaje. Ruido de pájaros, el viento luego para formarnos la idea clara de una tarde clara.
Cananea es esto y aquello: la memoria de una caminata sobre la plaza, el sicomoro alumbrando los sentidos de un niño que juega a ser guardabosques, la canción siempre repetida en noche bohemia y la historia de un preso por causa de su torpeza. Notas y versos de un pormenor.
Llegamos apenas la tarde en su pardeo, cruzamos las vías del ferrocarril y atrás la incertidumbre de la sierra, ese lugar adonde se trepa y quién sabe si uno podrá bajar. Esta ocasión, como tantas más, logramos el descenso con una sonrisa como careta inamovible.
Brindamos de manera tácita, apenas con el rumor de nuestras energías, apenas con la complicidad de la mirada. Luego fuimos a la biblioteca, después al barrio Cananeavieja, ante los ojos y las flores, esperando por nosotros Josefa, Chago, Socorro, los Rojas Molina: casa de puertas abiertas. Estrechamos las manos como vehículo de confrontar el alma.
Vimos un jardín, dos moradas para pájaros, un montón de ocre y pocos grados centígrados. Celebramos sin palabras, los párpados abiertos para describir el sentimiento.
Más tarde fue lo de Poesía en prenda, antes una sopa, unas enchiladas, una taza de café. Y vinieron las palabras para recordar al poeta ido: Abigael Bohórquez quien por el oficio todo lo diera.
Estábamos, estuvimos para celebrar los versos, la entereza, el atino de la palabra construyendo congruencia, sapiencia. Josefa Isabel Rojas Molina dijo el recuerdo y todos los presentes, después de las siete de la tarde y dentro del marco del veintisiete aniversario de la Biblioteca Pública Buenavista del Cobre, observamos al vate echando agua en la cabeza a un poeta en ciernes llamado Ramón Martínez. Porque así bautizó Abigael en su primera lectura a Ramón.
Eso fue en aquéllos años cuando Bohórquez llegó a Cananea y de cuya ciudad tenía la idea de una cabaña repleta de libros. Así la charla, después la lectura, Desazón es un poema que nos encoge el corazón y nos lo aprieta, también estuvo allí.
Vinieron comentarios, preguntas, datos fluyeron sobre el poeta Abigael, y aplausos a favor de su existencia. Así la tarde de un jueves para clausurar el día, con la poesía dispuesta, el recuerdo presente, perenne.
Al día siguiente la invitación, Verónica Canela que nos lleva de la mano generosa al restaurante de mariscos Mayra. Allí por sorpresa nos tomó la música desde el talento de Francisco Bracamontes.
Con un palo de ciego reposando en el umbral de una mesa, frente a un vitral, y más allá él con guitarra en mano, con micrófono cerca de los labios para vacilar la vida a ritmo de cumbia, de balada, unos Apson bien aplicados para recordar cuando apenas era un jovencito mi mamá me decía…
A Francisco hace algunos años se le apagó la luz de los ojos, y esto una consecuencia para encender la luz del talento, a más, porque ya lo traía, y fue entonces que ya de tarde y viernes preámbulo para la presentación de un libro más, Matar (conversaciones con asesinos), comimos acompañados de versos sin estridencia, de palabras hilarantes, divertimento ingenioso.
Un arroz, pescado frito, salsa bandera, limonada natural, camarones empanizados, caldo largo. Francisco nos convocó con su canto, y bailamos para adentro, porque el pudor nos paralizó el cuerpo. Celebramos su creatividad, la enjundia, y nuevamente supimos que Cananea es un canto constante.
Hubo un momento en el que vimos la sonrisa sostenida del cantante, y fue en el momento de entonar aquella historia de una sirena como desayuno. Nos divertimos también con la anécdota, con el equívoco en el verso y decir gallina por sirena. “Todos me dieron un carrillón”, dijo Francisco.
Y hete aquí la prueba de la música como importancia para seguir diciendo. Porque si no los ojos: sí los versos, el rasgueo, las canciones. Francisco Bracamontes se gana la vida y vive porque la música es emoción y también un oficio de generosidad.
Volvamos a cantar. Volver para bailar.

viernes, 9 de marzo de 2012

Abigael Bohórquez: poeta consecuente



Carlos Sánchez
Oh poeta de poderosa y macha poesía, Abigael Bohórquez, poeta de todas latitudes, así definió Efraín Huerta, el cocodrilo, al escritor sonorense, quizá el más trascendental de todos los tiempos en la historia de la literatura regional, y nacional.
Abigael Bohórquez, poeta consecuente, vivió asumiendo una actitud vital ante su oficio. Constantemente marginado de la nómina institucional, el vate apostó lo que tuvo desde su talento, a la creación de su obra dramática y poética, ésta última traducida en fechas reciente al idioma francés e inglés, y se gesta también la traducción a la lengua portuguesa.
Abigael nació el 12 de marzo de 1937, por lo tanto este lunes próximo cumpliría la edad de 75 años. No obstante falleció de un infarto masivo, como mueren los poetas, en el mes de noviembre de 1995, a la edad de 58 años.
Actualmente su poesía circula, viaja a diferentes países, en un recuento de poemas publicado por Mantis Editores, el cual lleva por título Poesía en prenda. Este ejemplar se presentó en la edición próxima pasada de la Feria Internacional de Libro.
Si el poeta muere, la poesía tal vez permanezca para siempre, en este caso Abigael permanece.
Aquí un poema, quizá el más conocido por los lectores:

Llanto por la Muerte de un Perro

Hoy me llegó la carta de mi madre
y me dice, entre otras cosas: —besos y palabras—
que alguien mató a mi perro.

“Ladrándole a la muerte,
como antes a la luna y al silencio,
el perro abandonó la casa de su cuerpo,
—me cuenta—,
y se fue tras de su alma
con su paso extraviado y generoso
el miércoles pasado.
No supimos la causa de su sangre,
llegó chorreando angustia,
tambaleándose,
arrastrándose casi con su aullido,
como si desde su paisaje desgarrado
hubiera
querido despedirse de nosotros;
tristemente tendido quedó
—blanco y quebrado—,
a los pies de la que antes fue tu cama de fierro.
Lo hemos llorado mucho…”

Y, ¿por qué no?
yo también lo he llorado;
la muerte de mi perro sin palabras
me duele más que la del perro que habla,
y engaña, y ríe, y asesina.
Mi perro siendo perro no mordía.
Mi perro no envidiaba ni mordía.
No engañaba ni mordía.
Como los que no siendo perros descuartizan,
destazan,
muerden
en las magistraturas,
en las fábricas,
en los ingenios,
en las fundiciones,
al obrero,
al empleado,
el mecanógrafo,
a la costurera,
hombre, mujer,
adolescente o vieja.

Mi perro era corriente,
humilde ciudadano del ladrido-carrera,
mi perro no tenía argolla en el pescuezo,
ni listón ni sonaja,
pero era bullanguero, enamorado y fiero.
A los siete años tuve escarlatina,
y por aquello del llanto y el capricho
de estar pidiendo dinero a cada rato,
me trajeron al perro de muy lejos
en una caja de zapatos. Era
minúsculo y sencillo como el trigo;
luego fue creciendo admirado y displicente
al par que mis tobillos y mi sexo;
supo de mi primera lágrima:
la novia que partía,
la novia de las trenzas de racimo y de la voz de lirio;
supo de mi primer poema balbuceante
cuando murió la abuela;
al perro fue en su tiempo de ladridos
mi amigo más amigo.

“Ladrándole a la muerte,
como antes a la luna y al silencio,
el perro abandonó la casa de su cuerpo
—dice mi madre—
y se fue tras de su alma —los perros tienen alma:
una mojadita como un trino—
con su paso extraviado y generoso
el miércoles pasado…”
Ay, en esta triste tristeza en que me hundo,
la muerte de mi perro sin palabras
me duele más que la del perro
que habla,
y extorsiona,
y discrimina,
y burla;
mi perro era corriente,
pero dejaba un corazón por huella;
no tenía argolla ni sonaja,
pero sus ojos eran dos panderos;
no tenía listón en el pescuezo,
pero tenía un girasol por cola
y era la paz de sus orejas largas
dos lenguas
de diamantes.
(Fe de bautismo, 1960).

jueves, 8 de marzo de 2012

Es mujer

Carlos Sánchez
Blanca desciende, por el callejón del barrio, desde la casa en que habita, donde la voz cantante la tiene su concubino, un mecánico que usa la mirada humilde en el trato con los cliente, y la energía del índice para ordenar a su mujer.
Blanca perfumada fue y bebió, bailó. Regresó después de la media noche, y el marido no quiso abrir la puerta, a través de una ventana le dijo que se fuera, que ya nada tenía que hacer allí, que ni su ropa iba a encontrar.
Blanca, antes de salir de su casa, hacia la fiesta, intentó localizar al marido, le marcó varias veces a su celular, éste no respondió, quería decirle que la mesa estaba lista, las camisas planchadas, que la voz de los niños no le perturbarían a la hora de su llegada, porque simplemente no hay niños, porque al señor le incordia la risa, el revuelo.
Quiso informarle, Blanca, que esa noche celebrarían el cumpleaños de su hermana, que si él quería podía acompañarla y celebrar con música y cerveza, comida. Él no respondió.
Blanca, en su intento infructuoso por entrar al hogar, después de la media noche, se retiró y como tantas otras veces pidió morada en la casa de su madre, y no durmió, esperó paciente la hora en que el marido ya no estuviera en la casa, porque los domingos es su costumbre dirigirse a misa, cumplir con los mandamientos, ofrecer el diezmo.
Blanca, ante la ausencia del concubino, encontró en el patio las cenizas de lo que fuera su ropa. Y en su voz el tarareo de una canción muchas veces repetida la noche anterior.
***
Es domingo, y supone que habrá celebración porque es día de la familia. Se dirige entonces a la casa de su madre, y le acompaña su hijo el menor.
Está segura que la vida en orden, porque ya dejó los platos y manteles en su lugar preciso. Lavada toda la ropa, tendidas todas las camas. Por eso atraviesa la plaza, camina las calles, hala de la mano a su hijo el menor, los otros hijos ya se valen por sí solos y ya desde temprano también tomaron su rumbo, otro rumbo.
Sabe que le espera la guitarra de su tío, el reencuentro con las palomas que hace años empezó a criar en el corral de la casa. Lo que más le seduce es el canto y ver cómo se aman entre ellas.
Tiene varias jaulas, con las puertas abiertas, y le reconforta ver cómo vuelan, y más le llena de felicidad ver cómo regresan. En ocasiones ha dicho que siente ser una de ellas, con la diferencia que la aves tienen alas.
Le gusta saber que existen las palomas, porque su vida está contenida, reducida a las rutinas y lo que ordene el señor de la casa. Por eso hace muchos años un día dijo: Si no puedo ir y venir con libertad, serán ellas las que me llenen de su libertad.
Por eso un día fue que emprendió la crianza, y ahora espera los fines de semana, el domingo para ser precisos, y volar entonces en las alas, en parvada.

***
Todos los caminos la llevan al cerro. Se llama Dolores, Esperanza, Sierva, Cristiana. Juega sobre las piedras y a golpear con sus pies la infancia que no abandona.
Aferrada a los días de escurrir los mocos, espantar los piojos, se trepa cada tarde en el picacho, donde un día encontró el rojo descendiendo por entre sus piernas y entonces otras realidades que le espantaron la inocencia.
Su madre, a como pudo, estuvo para contarle cuentos de caballos y sirenas, de mares y desiertos. Un día el último hálito de su madre sepultó las historias. Ella callada siguió el andar trepada de las piedras como recuerdo de la felicidad.
A veces baja con la mirada gacha, porque no encuentra la voz, por más que la busca mirando al cielo. A veces una sonrisa es la firma de la felicidad, porque se comunica con la madre ida. Trepa al cerro para que le quede más cerca, y así encontrarse, ambas rememorar la tarde llena de un papalote que juntas construyeron para liberarlo, y verlo perderse en el más allá.
Tiene infancia, presencia constante que le exonera de la realidad, en estos días donde su nombre consta en un acta de matrimonio y un apellido le hace su presa.
Se llama Dolores, Esperanza, Sierva, Cristiana. Es mujer.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Matar: personajes de carne y hueso




El libro de crónica se presenta el viernes en Cananea


Calificado por el periodista Sergio González Rodríguez, en el diario Reforma, como uno de los mejores libros del 2011, Matar, del escritor Carlos Sánchez, se presenta hoy viernes 24 de febrero en la Biblioteca Pública Buenavista del Cobre, dentro de los festejos de su veintisiete aniversario.
La presentación estará a cargo de la poetisa Josefa Isabel Rojas Molina, coordinadora de la misma biblioteca, y de la reportera Miriam Deneb German Hage.
Este ejemplar, ganador del Concurso del Libro Sonorense en 2010, y presentado en la pasada Feria Internacional de Libro en Guadalajara, tiene como virtud, a decir del escritor Eusebio Ruvalcaba, Matar es un libro que provoca adicción. Y cita sus argumentos:
“Desde el momento en que se inicia su lectura, la adrenalina se desborda. Se trata de crónicas escritas en la alcantarilla misma de la vida, donde aun los de corazón más noble pasarían de largo. Justo es ahí, donde pareciera que no hay más esperanza, donde pareciese que termina la fe y principia la devastación moral, exactamente es ahí donde Sánchez se han zambullido, como para ahogarse por nosotros y salir a tomar aire cuando todas las agujas marcan ceros.
“Matar es un libro que obliga a llamar a las cosas por su nombre. Más bien es un libro que obliga a nombrar. Yo lo leí y una gota de sudor escurrió por mi nuca. Intenté releerlo y las lágrimas nublaron mi vista. Hete aquí la prueba de dolor y de piedad, en que insistía Wilde. Hete aquí un libro que hay que leer de pie.”
Para conocer más del contenido de Matar, donde el autor manifiesta que los personajes allí descritos y quienes tienen la voz cantante de sus asesinatos, son de carne y huesos, la cita es hoy en punto de las siete de la tarde en la Biblioteca Buenavista del Cobre.

jueves, 16 de febrero de 2012

en el vuelo


Exposición fotográfica de mi autoría que está y estará hasta el 28 de febrero en galería bicentenario, en plaza bicentenario de hermosillo,sonora.caíganle.

lunes, 13 de febrero de 2012

nueva cuenta de correo electrónico

me hackearon el mail, por favor escríbanme a sonarquevemos@gmail.com
gracias.

viernes, 27 de enero de 2012

Tarde triste y feliz

Álamos- Aquí cabe la historia, los datos, el archivo fotográfico. Cabe también un bosque, una montaña, la ciudad de noche y llena de luces. Un grupo de señoras que apacibles ven la vida desde la banca de un parque.
Aquí la imaginación se dispara y mientras un grupo de niños se monta en los carros de la película el Rayo Mc Queen, dentro del auditorio, Federico Llamas Yépiz conversa con la obra del pintor Héctor Martínez Arteche.
En el interior del Museo Costumbrista de Sonora, dirección: Calle Guadalupe Victoria No.1 (mientras en la ciudad completa, Álamos, ocurre el Festival Cultural Alfonso Ortiz Tirado), la mente de Federico construye historias, pasajes, atmósferas, un cúmulo de emociones.
Primera Luz es el título de la exposición con la cual se le rinde homenaje a Arteche como pintor. Y es un acervo de obra que data desde hace más de cuatro décadas de existencia la cual forma parte ahora de la tradicional Ruta del Arte.
Federico apenas completa sus primeros diez años sobre la vida, dos lustros de intensidad, de libertad para leer el surrealismo del pintor. En su conversación con los cuadros, el niño observa, analiza; él es oriundo de Navojoa, cursa el quinto grado de primaria en el Colegio Progreso, y el mayor sentimiento que le provoca la exposición en lo general, dice, es de paz.
Fuego negro es el título de un óleo sobre tela, y emergió de la creación del maestro Arteche en mil novecientos setenta. Cuarentaidós años después su propuesta discursiva dialoga con Federico, quien concluye que el contenido de esa pieza incluye: “Una montaña en la noche, lo azul es el cielo y (lo que hay en primer plano) es una mata seca”.
Una vez más el arte como una botella al mar, y después de atravesar la vida Federico la descorcha con la mirada, y aprehende el contenido de su interior. Se atreve a indagar e interpretar a más. La libertad dispuesta.
Federico recorre la sala, encuentra en ella un bosque de bambú, le transmite paz, comenta, y agrega que nunca antes visitó un campo similar. Continúa su recorrido, los ojos incesantes, sólo se detienen para encontrar “Una tribu dentro de sus chozas, me gusta verlo”. El cuadro se titula Ellas, está firmado con fecha de mil novecientos sesentaiocho, las mujeres sumergidas dentro de sí mismas construyen la choza que Federico inventa.
Luego a su paso encuentra un grupo de mujeres, “Sentadas, disfrutando la paz y el viento, alegres, yo las veo a legres”. El cuadro es un óleo sobre tela, El descanso, fue creado en mil novecientos sesenta.
Más adelante, con el murmullo de los infantes de la escuela primaria Bartolomé Salido inmersos en el Rayo Mc Queen, con la historia de automóviles parlanchines y heroicos, dentro del Ciclo de Cine para Niños, Federico encuentra la obra que más le gusta, “Porque está llena de vida y me da paz, me gusta verla”.
Federico acata la convocatoria de quien lo acompaña, entonces se dispone a leer el título del cuadro que le genera paz. Con los ojos a punto de estallar, lee en voz alta: “Tarde triste”. En su rostro se inscribe como leyenda la palabra incredulidad.

El lema es bailar



Álamos.- El sonido de la tuba da la pauta para el movimiento. Se mueve con enjundia alegre una pareja y los espectadores construyen un círculo, aplauden, cuando menos piensan, sin pensarlo, son parte ya de la fiesta que se improvisa en el umbral del Callejón del beso.
Es el Festival Cultural Alfonso Ortiz Tirado en su vigésima octava edición, es la fiesta constante, la diversidad de disciplinas para expresar. Y si allá en el corazón de Palacio Municipal el bel canto se manifiesta, no cabe ya un alma para observar y escuchar la magistral interpretación, acá en la calle los otros cantos, con diversos instrumentos, proponen la consigna: bailar.
Suena la tuba acompañada de acordeón, tololoche, una tarola. Tres instrumentos, muchas miradas, más movimientos de bailadores que prolongan la fiesta. Conforme el círculo humano asciende, el volumen de las notas se intensifican, y aprovechando la emoción, al final de una de las canciones, esa que dice Brinca y verás la cuerda y verás, el tarolero quita su sombrero, lo exhibe entre bailadores, el sombrero se convierte en un cochito para el ahorro. El ritmo retorna. Bailar otra vez.
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Trompetas y percusiones. En el callejón del Templo, escenario abierto y dispuesto, la fiesta empieza en punto de las nueve con treinta minutos. El bigote se mueve al ritmo de versos. Es el rostro de Luisito Ayala que gesticula, A otro nivel (título de su espectáculo). Luisito se mueve, incita con la euforia, canta en esta noche de salsa desde la agrupación musical Puerto Rican Power.
Debajo del cielo, encima de las notas, allá entre el Callejón, a un costado de las sillas ocupadas todas, otro bigote persigue el ritmo de la orquesta. Baila despreocupado, desparpajado, frente a él la dama rubia de pantalón entallado intenta desaparecer las tapitas de sus zapatillas. Se mueven ambos y sus manos son pájaros en libertad.
La fiesta apenas empieza, o lo que es más concreto, la fiesta se posterga en días de festival. Y sin decirlo, porque el ritmo también es impulso, la alegría un guión no escrito, la consigna es bailar. Puerto Rican Power el argumento feliz en noche de jueves. Y seguir.
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La madera recibe las palmas de las manos. Suena desde un cajón peruano el ritmo que acompañan ya los pasos de un adolescente, quien juega (literalmente), con fuego.
Una chava de rastras y falda hasta el suelo, con huaraches de vaqueta y un acervo de objetos de metal sobre su rostro, sostiene una esfera que gira en derredor de su cadera. Juegan como infantes y los ojos de los también infantes observan sin parpadear.
A los golpes del cajón peruano se suman las notas de percusiones, maracas, y las voces a ritmo de reggae. Sobre la Plaza de Armas, en la esquina sur poniente, un grupo de chavas adolescentes, vestidas con atuendo vaquero, incorporan sus cuerpos y bailan en derredor de los músicos. Cantan una canción no aprendida. Danzar es prioridad; los versos, si la urgencia es la felicidad en movimiento, son lo de menos.
En el Festival Cultural Alfonso Ortiz Tirado, el lema (tácito) es bailar. Esta noche otra vez.